Un farol redondo de luz fría
se ilumina a sí mismo;
no alumbra nada fuera de su esfera.
Ha quedado vacía
la noche alrededor.
Beatriz Vignoli, en Bengala (ed. Bajo la luna)
lunes, septiembre 27, 2010
Cool light
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domingo, agosto 22, 2010
jueves, agosto 05, 2010
poema encontrado

De todas las luces que bebe el manso río,
una sola habré de recordar.
(En las colinas
se esparce una ciudad de diminutos prismas)
Pronto estaré lejos, aunque aún lo ignore,
y el hombre que duerme a mi costado
también ha de pasar
como las aguas verdes
de luz
bajo los puentes.
(de: Hijas del mar)
Celia Fontán
(De: Las 40 - Poetas Santafesinas 1922-1981,
Concepción Bertone, compiladora,
Ecic. UNL, 2008)
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domingo, julio 11, 2010
martes, julio 06, 2010
Preludio
Después, después el viento entre dos cimas,
y el hermano alacrán que se encabrita,
y las mareas rojas sobre el día.
Voraz volcán: aureola sin imperio.
El buitre morirá: laxo castigo.
Después, después el himno entre dos víboras.
Después la noche que no conocemos
y extendido en lo nunca un solo cuerpo
callado como luz. Después el viento.
David Rosenbaum-Taub, Cortejo y Epinicio
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viernes, junio 04, 2010
martes, junio 01, 2010
lunes, mayo 31, 2010
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jueves, mayo 20, 2010
miércoles, mayo 19, 2010
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lunes, mayo 17, 2010
resentidas por exceso de humedad
las flores del cedrón no están tan blancas
otoño
el corazón no cuenta demasiado
inestable
desnudo
volando en círculos
dentro de una nube
la mente se detiene
picaflor suspendido
estrella que se incendia
clavada entre mariposas raras
Jorge Naparstek, Shampú en los ojos. Ed Del Dock, 2010.
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miércoles, mayo 12, 2010
pampa
El hombre de la llanura está siempre en el interior de una semiesfera, en el centro exacto de la base, bajo la bóveda celeste que es como una pantalla en la que va apareciendo un espectáculo cambiante, abstracto, la luna, el sol, las estrellas y las nubes hasta que un capricho vagamente figurativo los borronea, como la forma de una nube, un pájaro, o una bandada de pájaros, cuya formación en ángulo se obstina sin embargo en perpetuar la abstracción.
Juan José Saer en El río sin orillas.
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viernes, mayo 07, 2010
martes, mayo 04, 2010
sábado, abril 24, 2010
Vuelta de paseo
Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré caer mis cabellos.
Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!
Federico García Lorca, Poeta en Nueva York
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viernes, abril 16, 2010
jueves, abril 15, 2010
miércoles, abril 07, 2010
domingo, abril 04, 2010
martes, marzo 30, 2010
Sobre el Paraná
"No se puede decir que el río cambie de una manera en invierno y de otra manera en verano. Cambia. Eso es todo. Las islas, por el contrario, parecen distintas con cada estación que llega. No sólo por la intensidad del verde, en el verano, sino por algo mucho más sutil. En el invierno, desde el río abierto, se pierden en una lejanía brumosa. De pronto están, de pronto no están. Uno duda del río y piensa que es imposible llegar alguna vez, a pesar de toda esa tenue ansiedad que lo aísla y lo mece y lo acongoja en parte. Más bien son un borde ilusorio, una sombra que oscila con el horizonte, hacia el oeste. Si por fin logra acercarse, entonces parecen todavía más remotas, habitadas por el silencio y la soledad y por una tristeza irreparable. En el invierno la luz se refugia en lo alto. Amanece y oscurece en lo más encumbrado del cielo, muy lejos de la superficie. En verano sucede lo contrario. La luz comienza a brotar desde las mismas islas, y, empujando por allí, desborda hacia el resto del día. En la mitad de la mañana, las islas parecen alegres barcazas mecidas por el agua. Si uno navega hacia las islas, navega hacia la claridad. Y hacia ese extraño bullicio que ha ido cobrando intensidad a medida que madura el estío. Todo esto sucede en forma imperceptible. Esto de la madurez. Uno mismo es invierno, uno mismo es verano. Pero, de cualquier forma, está bastante claro que todo proviene del norte. La ansiedad y el bullicio y la propia luz. Toda esa exaltación y ese frenesí del verano. Entre la media mañana y la media tarde, las islas brillan con una luz intensa y pareja, adormecidas al sol. Parecen un poco chatas. Un trazo de luz, un trazo de sombra. Nada de medios tonos. El aire sofoca. La arena en las playas cruje levemente. Hay un silencio espeso e hirviente. La atmósfera es arriba diáfana, pero a ras de suelo vibra y ondula de manera extraña. Luego el silencio se transforma en un zumbido interminable. Pero esto es una parte del verano. En el amanecer y en el anochecer, el día da lo mejor de sí. Y después queda la noche. La brisa del amanecer es fresca y el pescador se estremece levemente. Llega desde el río y sobresalta a las islas. Entonces comienza ese bullicio y ese cosquilleo en la sangre y esa ansiedad que empuja al hombre hacia el horizonte. Un ángel, o algo por el estilo, acaba de pasar rozando el agua y los cabellos adormilados del hombre dormido dentro del bote. Es demasiado veloz para los ojos del hombre y vino hendiendo la media luz del amanecer, que hace confusas todas las cosas. Apenas se siente el roce pero es suficiente para turbarlo a uno. Ahora debe estar allá, hacia el norte, detrás de las primeras islas. Lo convoca a uno y lo apremia. Es necesario partir." Haroldo Conti, Sudeste.
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