lunes, marzo 24, 2008

otoño leído


lunes, febrero 25, 2008

río paraná


miércoles, febrero 13, 2008


martes, enero 29, 2008

Sucedió una vez que en el estado de Kashmir, un horrible dragón terrestre vivía en una
cueva cercana a un monasterio de quinientos arhats theravadinos. Este dragón
aterrorizaba a la región y hacía miserable la vida de mucha gente. Todos los días los
arhats se reunían, y juntos intentaban utilizar el poder de su meditación colectiva
para ahuyentar al dragón. Pero siempre fracasaban. El dragón simplemente no se
marchaba.
Entonces, un día sucedió que un monje Chan mahayano se detuvo en el monasterio.
Los arhats le informaron al monje sobre el terrible dragón y le pidieron que se uniera a
la meditación, para añadir el poder de su meditación a la de ellos. "¡Debemos forzar a
esta bestia para que se vaya!" se quejaron. El monje Chan simplemente les sonrió y
fue directamente a la cueva del horrible dragón.
Quedándose en la entrada de la cueva, el monje llamó al dragón, "Sabio y virtuoso
señor, ¿sería tan amable de abandonar su guarida y buscar refugio en un lugar más
lejano?"
"Bueno – dijo el dragón – ya que me lo ha pedido tan cortésmente, accederé a su
petición y me marcharé en el acto." El dragón, como pueden ver, tenía un fino sentido
de la etiqueta. ¡Y de este modo se fue!


Las Enseñanzas del Maestro Hsu Yun: Nube Vacía

viernes, enero 18, 2008

desperezándose


miércoles, enero 16, 2008

anatema

"Aun así, estoy en completo desacuerdo con los expertos en estas cuestiones - los eruditos, los biógrafos y sobre todo la aristocracia intelectual ahora vigente, educada en una u otra de las grandes escuelas psicoanalíticas - y les reprocho con la mayor acrimonia lo siguiente: ellos no escuchan como es debido los gritos de dolor. No pueden, claro. Son una casta de orejas de lata. Con tan defectuoso equipo, con esas orejas, ¿cómo es posible rastrear el dolor, por el sonido y la calidad tan sólo, hasta su fuente? Con tan lamentable equipo para escuchar lo que se puede escuchar y quizás verificar son unos pocos armónicos aislados y débiles - ni siquiera contrapunto - que salen de una infancia perturbada o de una libido desordenada. Pero ¿de dónde procede en general el grueso, toda la carga del dolor? ¿De dónde debe proceder? ¿ No es en realidad el único vidente que tenemos sobre la tierra?"

J D Sallinger, en Seymour: una introducción

martes, enero 08, 2008

enero


domingo, diciembre 30, 2007

ahora, que me aproximo a los treinta, todo lo que no puedo ser me dice "mirame, soy esa luz insoportable que te despierta a la mañana".

miércoles, diciembre 19, 2007

giacometti











Giacometti propone que la realidad no se puede compartir, y esto se hace cierto en la muerte. No se trata de que el artista tuviera un interés morboso en el proceso de la muerte, sino de que lo único que lo preocupaba era el proceso de la vida tal como la ve un hombre cuya propia mortalidad le proporciona la única perspectiva de la que puede fiarse. Ninguno de nosotros se encuentra en situación de rechazar esa perspectiva, aún cuando intentemos retener otras al mismo tiempo.

John Berger en "Giacometti", Mirar (Ed de La Flor)


martes, diciembre 11, 2007

escucha mi canto

jueves, diciembre 06, 2007

La Lección de Anatomía

En enero de 1632, durante su estancia en Holanda, y por consiguiente en una época en la que Browne se había enfrascado más que nunca en los secretos del cuerpo humano, se practicó en el Waagebouwde Amsterdam una autopsia pública en el cuerpo del maleante de la ciudad, Adriaan Adriaanszoon, alias Aris Kindt, ahorcado pocas horas antes por robo. Pese a no haber documento alguno que lo justifique claramente, es más que probable que Browne no se hubiera sustraído a la notificación de la autopsia y que haya presenciado el espectacular acontecimiento preservado por Rembrandten su retrato del gremio de cirujanos, sobre todo en tanto que la clase de anatomía del doctor Nicolaas Tulp, que se celebraba anualmente en pleno invierno,era del mayor interés no sólo para un médico novicio, sino que también era una fecha significativa en el calendario de la sociedad de aquel tiempo, convencida de estar saliendo de la oscuridad a la luz. Sin duda alguna, en el espectáculo ofrecido ante un público de pago procedente de las clases favorecidas se trataba, por un lado, de una demostración de un intrépido afán investigador de la ciencia moderna, por otro, no obstante, aunque seguramente esta afirmación la hubieran rechazado con firmeza, de un ritual arcaico de desmembración de un ser humano, de la mortificación dela carne del malhechor hasta más allá de la muerte, que, como antaño, seguía formando parte del registro de los castigos habituales que se infligían. El solemne carácter que se infiere de la representación de Rembrandt del despedazamiento del muerto —los cirujanos lucen sus mejores galas, y el doctor Tulp incluso lleva un sombrero en la cabeza— así como el hecho de que tras la consumación del procedimiento se celebró un banquete ceremonioso, simbólico en cierto sentido, habla en favor de que en la clase de anatomía de Amsterdam se trataba de algo más que de un conocimiento más hondo de los órganos internos del ser humano. Cuando hoy día nos hallamos en el Mauritshuis ante el cuadro de anatomía de Rembrandt, de más de dos metros por uno y medio, estamos justo en el lugar de aquellos que en el Waagebouw de entonces siguieron el proceso de la disección, creyendo ver lo que ellos han visto: el cuerpo verdoso de Aris Kindt tendido en un primer plano, con el cuello partido, el pecho horriblemente abombado hacia fuera y con la rigidez de la muerte. Y sin embargo, es cuestionable que alguien haya visto este cuerpo, ya que el, por aquel tiempo, nuevo y próspero arte de la anatomización estaba no en último lugar al servicio de ocultar el cuerpo culpable. Es significativo que las miradas de los colegas del doctor Tulp no se fijen en este cuerpo como tal, sino que, casi rozándolo, la pasen por alto para dirigirse hacia el atlas abierto de anatomía, en el que la espantosa corporalidad está reducida a un diagrama, a un esquema del ser humano, tal como se imaginaba Rene Descartes, apasionado anatomista aficionado, al parecer también presente aquella mañana de enero en el Waagebouw. Como es sabido, Descartes, en uno de los capítulos principales de la historia de la sumisión, explica que se ha de prescindir de la carne incomprensible y dedicarse a la máquina que ya está esbozada en nuestro interior, a lo que puede entenderse en su totalidad, a aquello que puede aprovecharse íntegramente para el trabajo y, en caso de defecto, puede repararse o desecharse. Al extraño aislamiento del cuerpo expuesto al público le corresponde que la muy alabada aproximación a la realidad del cuadro de Rembrandt resulta no ser más que aparente cuando se observa con mayor exactitud. Esto es, en contra de toda costumbre, la autopsia que aquí se representa no comienza con la disección del abdomen y con la extracción de las vísceras que más rápidamente entran en estado de descomposición, sino (y es posible que también esto remita a un acto de penitencia) con la disección de la mano que había incurrido en el delito. Y esta mano tiene una característica peculiar. No sólo está desproporcionada de una forma grotesca en comparación con la que está más próxima a la persona que ve el cuadro, sino que también desde el punto de vista anatómico está a la inversa. Los tendones abiertos que, según la posición del pulgar, deberían ser de la palma de la mano izquierda, son los del dorso de la derecha. De modo que se trata de una colocación puramente educativa, sacada sin más de un atlas anatómico, a través de la que el cuadro, si así puede decirse, que por lo demás reproduce con exactitud la vida real, se echa a perder justo en el punto de mayor significado, allí donde ya se han hecho los cortes, y se convierte en una construcción fallida. Es casi imposible que Rembrandt se haya equivocado. La ruptura de la composición me parece aún más premeditada, si cabe. La mano informe es la señal de la violencia que se ha practicado en Aris Kindt. El artista se equipara con él, con la víctima, y no con el gremio que le había hecho el encargo. El es el único que no tiene la mirada absorta, cartesiana, es el único que percibe el cuerpo extinguido, verdoso, ve la sombra en la boca entreabierta y sobre el ojo del muerto.
W.G. SEBALD
LOS ANILLOS DE SATURNO

miércoles, diciembre 05, 2007

Cuerpos de todos los tamaños por donde corre la misma sangre

Mil novecientos ochenta y nueve agujeros
que hacen del rancho un colador
para que el clima de las cuatro estaciones
se suceda en concierto por el único ambiente
sin necesidad de ventanas. Recién despierto,
acodado en las mantas Lescano barre con la vista
los cuerpos tendidos de la madre, la esposa,
un cuñado, las hijas que son tres
más los dos perros que, sin contar el loro,
ascienden al número de ocho como víctimas
de una masacre de la cual, en estado de ebriedad,
él pudo haber sido el agente; pero no se acuerda
de nada y el flequillo sobre los ojos
le da un aspecto de pony tardíamente alfabetizado.

Daniel García Helder, en El Guadal

jueves, noviembre 29, 2007

peronismo

cuenta que una mujer, de unos 40 años, con un sueldo relativamente alto en la administración pública, se tatuó, sobre su resplandeciente busto de silicona, una V y P, (imposible reproducir el símbolo con el teclado).
alguien dice que eso es convicción, y agrega: "todos vivimos de opiniones, pero no tenemos convicciones".
un tercero trata de dilucidar la diferencia entre ambas cosas y propone: Convicción = opinión +acción.

lunes, noviembre 26, 2007

expedición





viernes, noviembre 23, 2007

Murió solo, sin dejarle ningún mensaje a ninguna chica, y luego nadie le preparó un gran funeral en EE UU, y nadie dio un toque de silencio con la corneta en su honor.
Las únicas lágrimas que se derramaron por Burke fueron las de Juanita cuando le leí la carta de Frankie y le volví a contar lo que sabía. Juanita no es una chica cualquiera. Nunca te cases con una chica normal, búscate una que llore por Burke.
J.D.Salinger. Death of a Dogface (citado en el Guardián de los Sueños -Margaret A. Salinger)

otra invitación


lunes, noviembre 19, 2007

invitando




domingo, noviembre 18, 2007

tournée de fin de año

Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más de prisa, abriremos los brazos, y... un buen día...
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.

El gran Gatsby, F Scott Fitzgerald. Tradución de E. Piña, ediciones Millenium

viernes, noviembre 09, 2007

El don de la ternura

Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
surcando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Observamos un rato la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en el hogar,
me pediste que regulara
el tiro de la chimenea.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero
por razones que desconozco
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé esa tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que carreteaba
lentamente bajo una lluvia de granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
No vimos a una sola persona.
“Es como si todo estuviera de luto,”
fue tu comentario.
Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron de la Argentina
a un departamento en el que pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
pero el departamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La heladera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por la luz interior
hasta el botellón con agua refrescante.
En el baño un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavatorio.
Todas las mañanas mientras me afeitaba
calentaba agua en una vieja sartén,
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.
Un mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente disqué el número
de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él ya no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
“Está bien”, le dije. “Te entiendo.”
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.
Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me comentás que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. “Yo también.”
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.


Carver, Raymond. A secas.

miércoles, octubre 24, 2007

otra vez por aquí