jueves, julio 31, 2008

Errorismo

Claudia Del Rio


miércoles, julio 30, 2008

Mi hijo down


Mi niño.

Ahora mi niño no quiere la noche para dormir,
la quiere para frotársela, para hacerse un vestidito de estrellas
y ser la vía láctea derramándose por una calle infinita, por un
pasaje oscuro en donde se arrincona el amor. Mi niño corazón
insomne parpadeando como una polilla herida, corriendo
antes que la madrugada, sacando chispas, mojándose los
labios internos con el alcohol que se esparce en la mesa como
palomitas de maíz, como palomitas recién aventadas contra
los parabrisas. Mi niño dice que ya no va a dormir que se me
va por la calle infinita y que irá dejando su nombre en las
paredes, en los micros, en los vidrios del metro, en el cemento
fresco, para que así yo no olvide de nombrarlo, para que yo lo
busque entre las ruinas de esta maternidad devastada.

Pablo Paredes Mi hijo down 2008
Ed. Black & Vermelho



lunes, julio 28, 2008

El Libro del Año







domingo, julio 27, 2008


sábado, julio 26, 2008

Dos del mismo libro

Todo caballo golpea a oscuras su cerca.


La verdad está repleta de muchachos sin talento.
Muchachos trágicamente rotos en el vacío de otros ojos.
Muchachos que retenían la esperanza de ser correspondidos.
Muchachos buscando algo que arda en la memoria;
a cada segundo.
Algo por qué vivir, algo por qué morir.
Muchachos marcados por la debilidad de esperar que alguien los oiga.
Muchachos que el mundo parece superarlos
mientras buscan poemas en la sopa.
(de Higiene Ernesto González Barret. 2007)

miércoles, julio 23, 2008

ROSARIO

Militante enamorado.

DEMOCRACIA CHINA

Ah, un blog que me hubiese gustado hacer a mi.
Sobre todo este
post

martes, julio 22, 2008

¿Vienen por más?

¿Cómo funcionaría una economía sin subsidios?

Otro aporte de Tortiluchas para la paz del mundo

ANGÉLICA FREITAS (fragmento)

la vaca que comeis
ayer pastaba en el campo. y os quejasteis
que la carne estaba muy dura.

(Cuatro poetas recientes de Brasil. Ed. Black & Vermelho)

viernes, julio 18, 2008

Festival

viernes, julio 11, 2008

dejá de leer a los críticos de cine que dicen que es democrático destituir


¿le creés a Canal 13 y al boludazo de Santo Biasatti que te pone la musiquita de llorar con los tipos de pueblo que dicen que no aguantan más el paro porque no están vendiendo, vos te pensás que habría que hacer una colecta de Caritas y mandarles alimentos no perecederos?
Ni hablar, mañana empezamos, así que si tienen algún vinito, un jamoncito crudo, una que otra latita de calamares y también un poco de marmol, algún jacuzzi viejo que ya no usen, ya saben, lo que para ustedes resulta, quizás, una molestia, otros lo pueden estar necesitando. Muchas gracias.

jueves, julio 10, 2008

+ periodismo

La precisión

Frangipane: Soy de Belgrano en un 99%

La objetividad

Los peronistas ya huelen sangre

La importancia

Gaby Álvarez ya planea su futuro post prisión

es que hacía mucho que no leía los diarios

miércoles, julio 09, 2008

martes, julio 08, 2008

Dos Versiones del Amor

La Mantis Religiosa


José Watanabe


Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por
el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm
de
mis ojos
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del
Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palo
seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y
quebradiza
cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había
destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose,
llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le
hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez
lengüita.

Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone qué
última
palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.

Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra


de agradecimiento.




Insectíada

Juan José Arreola




Pertenecemos a una triste especie de insectos, dominada por el apogeo de las hembras vigorosas, sanguinarias y terriblemente escasas. Por cada una de ellas hay veinte machos débiles y dolientes. Vivimos en fuga constante. Las hembras van tras de nosotros, y nosotros, razones de seguridad, abandonamos todo alimento a sus mandíbulas insaciables. Pero la estación amorosa cambia el orden de las cosas. Ellas despiden irresistible aroma. Y las seguimos enervados hacia una muerte segura. Detrás de cada hembra perfumada hay una hilera de machos suplicantes. El espectáculo se inicia cuando la hembra percibe un número suficiente de candidatos. Uno a uno saltamos sobre ella. Con rápido movimiento esquiva el ataque y despedaza al galán. Cuando está ocupada en devorarlo, se arroja un nuevo aspirante. Y así hasta el final. La unión se consuma con el último superviviente, cuando la hembra, fatigada y relativamente harta, apenas tiene fuerza para decapitar al macho que la cabalga, obsesionado en su goce. Queda adormecida largo tiempo, triunfadora en su campo de mortales despojos. Después cuelga del árbol inmediato un grueso cartucho de huevos. De allí nacerá otra vez la muchedumbre de sus víctimas, con su infalible dotación de verdugos.

sábado, julio 05, 2008

flotan en el balcón













jueves, julio 03, 2008

Años

De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejase que probásemos de nuevo; estaba tumbado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:
-¿Con qué finalidad? -Hablábamos en voz baja, a oscuras.
Luego Silvia se durmió y yo tuve hasta la mañana una rodilla pegada a la suya. Apareció la mañana como había aparecido siempre, y hacía mucho frío; Silvia tenía el pelo sobre los ojos y no se movía. En la penumbra yo miraba pasar el tiempo, sabía que pasaba y corría, y que afuera había niebla. Todo el tiempo que había vivido con Silvia en aquella habitación era como un solo día y una noche, que ahora terminaba por la mañana. Entonces comprendí que nunca volvería a salir conmigo entre la niebla fresca.
Era mejor que me vistiera y me marchase sin despertarla. Pero ahora tenía en la cabeza una cosa que preguntarle. Esperé, intentando adormilarme.
Cuando estuvo despierta, Silvia me sonrió. Seguimos hablando. Ella dijo:
-Es bonito ser sinceros, como nosotros.
-¡Oh, Silvia! -susurré-, ¿qué haré al salir de aquí? ¿Adónde iré?
Era eso lo que tenía que preguntarle. Sin apartar la nuca del almohadón, ella sonrió de nuevo, beatífica.
-Bobo -dijo-, irás a donde quieras. ¿No es hermoso ser libre? Conocerás a muchas chicas, harás todas las cosas que quieras. Te envidio, palabra.
Ahora la mañana llenaba el cuarto y sólo había un poco de calor en la cama. Silvia esperaba paciente.
-Tú eres como una prostituta -le dije- y siempre lo has sido.
Silvia no abrió los ojos.
-¿Estás mejor ahora que lo has dicho? -me dijo.
Entonces me quedé como si ella no estuviera, y miraba al techo y lloraba sin ruido. Las lágrimas me llenaban los ojos y corrían sobre la almohada. No valía la pena que se diera cuenta. Mucho tiempo ha pasado, y ahora sé que aquellas lágrimas mudas fueron la única cosa de hombre que hice con Silvia; sé que lloraba no por ella sino porque había entrevisto mi destino. De lo que era yo entonces no queda nada. Queda sólo que había comprendido quién sería en el futuro.
Luego Silvia me dijo:
-Ya basta. Tengo que levantarme.
Nos levantamos juntos, los dos. No la vi vestirse. Estuve pronto en pie, a la ventana; y miraba vislumbrarse las plantas. Detrás de la niebla estaba el sol, el sol que tantas veces había entibiado el cuarto. También Silvia se vistió pronto, y me preguntó si no me llevaba mis cosas. Le dije que primero quería calentar el café, y encendí el hornillo.
Silvia, sentada al borde de la cama, se puso a arreglarse las uñas. En el pasado se las había arreglado siempre en la mesa. Parecía abstraída y el pelo le caía continuamente sobre los ojos. Entonces daba sacudidas con la cabeza y se liberaba. Yo deambulé por el cuarto y recogí mis cosas. Hice un montón sobre una silla y de repente Silvia saltó en pie y corrió a apagar el café que se derramaba.
Luego saqué la maleta y metí las cosas. Mientras tanto, por dentro me esforzaba en recoger todos los recuerdos desagradables que tenía de Silvia: sus futilidades, sus malos humores, sus frases irritantes, sus arrugas. Eso me llevaba de su cuarto. Lo que dejaba era una niebla.
Cuando hube acabado, el café estaba listo. Lo tomamos de pie, junto al hornillo. Silvia dijo algo, que ese día iría a ver a un tipo, a hablar de un asunto. Poco después dejé la taza y me marché con la maleta. Afuera la niebla y el sol cegaban.



Cesare Pavese